¿Para qué?

“Si no sabes para qué vives, cualquier camino te parecerá pesado.” – Viktor Frankl

Lo confieso: me gusta preguntarme el por qué de las cosas.

Detenerme. Observar. Cuestionar.

Pero filosofar demasiado es un deporte de riesgo.

A veces buscamos sentido donde no lo hay:

  • Un amigo se aleja.
  • Un proyecto fracasa.
  • Alguien te juzga.
  • Tu jefe cambia de opinión.

Pero ¿cuál es el verdadero sentido de la vida?

Algunos dicen que está en la filosofía, otros lo buscan en la religión y muchos otros en las respuestas heredadas de quienes vinieron antes.

Cada uno, configura su propio mapa.

Sin embargo, en el ámbito profesional, la falta de sentido es devastadora.

  • Proyectos sin rumbo.
  • Reuniones interminables (por no decir infructuosas).
  • Decisiones que no importan.
  • Talentos que se queman.

Porque sin claridad, no hay dirección.

Y los esfuerzos sin propósito, desmoronan a cualquiera.

En lo personal, ocurre lo mismo:

  • Relaciones que no aportan.
  • Compromisos que nos consumen.
  • Hábitos que nos desgastan.

Todo puede volverse automático. Rutinario. Vacío.

El sentido no es un manual. Es tan «solo» decisión, conciencia y valor.

Está …

  • En los proyectos que elegimos.
  • En las relaciones que cultivamos.
  • En los sueños que valen la pena.
  • En los momentos que nos recuerdan por qué seguimos.

Ahora bien,

¿Y si primero buscáramos sentido en lo que nos llena y construyéramos todo lo demás a partir de ahí?


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