Si tienes miedo, yo también.
Pero he aprendido algo: tener miedo no quiere decir que algo esté mal en ti, sino que algo dentro de ti quiere moverse.
En ocasiones, he sentido el corazón golpearme el pecho como si quisiera bajarme del avión antes de despegar.
He escuchado esa voz que pregunta bajito: ¿y si no puedo? ¿y si fallo? ¿y si no es el momento?
Y, sin embargo, una parte de mí sabía que el destino valía la pena.
Porque no era cualquier destino, era mi destino, el propósito que da sentido a todo lo que soy.
Un lugar donde no tengo que fingir, donde puedo respirar profundo, donde todo encaja.
Pero volar da vértigo, ¿verdad?
Nos aferramos a lo conocido, incluso cuando nos duele. Porque al menos “eso” nos resulta familiar.
Y así, una y otra vez, dejamos el billete comprado sobre la mesa. El alma con las maletas hechas. La vida esperando en la puerta de embarque.
Hasta que un día dices: “Ya no más.” Y das el paso. Temblando.
Subes al avión de tu vida. Y sí, puede que haya turbulencias.
Pero quiero que sepas algo: las turbulencias no significan que algo vaya mal.
Significan que algo dentro de ti se está moviendo, despertando, expandiendo.
Deja de pelear con el miedo. Invítalo a sentarse contigo.
Llévalo de la mano, abrázalo, pero no te detengas.
Y lo harás.
Porque el destino lo merece.
Porque hay una vida que te está esperando. Una versión de ti mismo más libre, más honesta, más en paz.
Volarás con miedo. Pero volarás.
Y cuando aterrices en tu propia verdad, te darás cuenta de que ese lugar al que tanto temías llegar… era tuyo desde siempre.
Solo necesitabas atreverte.
«Haz lo que temes y el miedo morirá.» – Ralph Waldo Emerson

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