Vulnerabilidad: ¿Fortaleza o debilidad?
Vulnerabilidad: capacidad para poder ser herido física o moralmente. Sinónimos: debilidad, fragilidad, inseguridad, flaqueza.
Hemos sido educados bajo la creencia de que mostrarnos fuertes nos llevará al éxito, personal y profesional. Vivimos en una sociedad en la que parece ser que “el que todo lo sabe” y “el que nada reclama” es un buen ejemplo a seguir.
Pero ¿de verdad hay alguien de carne y hueso que no necesite ayuda, no cometa errores y no requiera de los demás para poder avanzar?
Por desgracia, los hay que consideran que vulnerabilidad implica debilidad. Estas personas (más bien personajes), evitan mostrar sus carencias, ocultan sus dificultades y temen decir “no sé”. Todo ello, les suele llevar a ser desagradecidos, a poner el foco de la culpabilidad en los demás, a carecer de empatía y también a ocultar sus errores por el miedo al “qué dirán”. Se muestran superhéroes o superheroínas. Inhumanos.
Pensad en el trabajo, en el ambiente que os rodea. ¿Cuántos de vosotros tenéis la sensación de que a veces falla la comunicación, de que os falta información o de que los procesos se ralentizan, por no decir, se “eternizan”? Pues detrás de todo, hay personas. Personas que carecen de valentía, personas que niegan sus errores (y por lo tanto, no tienen la capacidad ni la humildad de decir la verdad para poder plantear soluciones eficaces), personas que no saben decir “necesito tu ayuda”; personas que “nunca se equivocan”; personas negativas y destructivas, de esas que encuentran un problema a cada solución; generadoras de tensión.
“La más peligrosa de todas las debilidades es el temor de parecer débil.” Jacques Benigne Bossuet.
Mi hijo de 6 años me pide que formemos un equipo.
¿para qué hijo?
Pues para poder construir más rápido el coche de lego. Mamá, como tu lees mejor que yo, pero yo veo mejor que tú, tu me vas leyendo las instrucciones mientras yo voy montándolo.
De acuerdo hijo, pero hay muchas piezas.
No pasa nada, mamá, avisamos a mi hermana, que se le da mejor que a nosotros ordenar, y mientras tú lees cada parte, ella prepara las piezas por colores y tamaños y yo monto. Así vamos más rápido y lo podremos tener listo para enseñárselo al abuelo esta tarde. ¿te parece bien? Me parece genial.
Fácil, ¿no? En la edad adulta, parece ser que lo fácil lo convertimos en difícil. Lo conveniente en inconveniente. Lo humano en inhumano. Lo generoso en egoísta. Lo sano en insano.
En fin. Finalizo mi reflexión con la convocatoria de que abráis bien los ojos. Detectad y uniros a las personas que abren su corazón. Uniros a las que muestran sus debilidades. A las que escuchan las tuyas. A las que te piden ayuda. A las que te lo agradecen. A las que forman equipo. A las que donde ellas no llegan, llegas tu por ellas. A las que están dispuestas a aprender de ti. A las que no ven sus errores como un fracaso. A las que confían en ti. A las que sonríen. A las que comparten. A las humanas.

Deja un comentario