Querido ego

«El ego es el más grande de los enemigos cuando no se reconoce como una herramienta y se convierte en un tirano.»  Friedrich Nietzsche

Querido Ego,

Te escribo estas palabras con mi más sincero respeto. Pero a ver por dónde empiezo sin que te molestes. Porque lidiar contigo es todo un desafío.

Sé que siempre has estado ahí, elevándome cuando las dudas me han paralizado y recordándome mi valía cuando el mundo parecía ignorarla.

¿Te acuerdas de cuando no era capaz de separarme de aquel amigo especial y entraste con toda tu fuerza para hacerme de espejo y reflejarme cómo mis apegos me estaban consumiendo?

¿Y de aquella vez en la que puse en duda mis capacidades de comunicación porque mi jefe impidió que hiciera yo la presentación que con tanto cariño y esfuerzo había preparado?

Todas esas veces me has impulsado a confiar en mí, a mantener la cabeza bien alta, a poner y ponerme límites, a reclamar para no solo quejarme. Por todo ello, gracias y mil veces gracias.

Sin embargo, en otras ocasiones, te has tomado demasiado en serio lo de protegerme. Y te has pasado. Me has metido ideas en la cabeza, haciéndome sentir que, si no gano, pierdo; o que, si no me reconocen, no valgo; o que, si no me dan la razón, me están atacando.

¡Qué agotador cuando te juntas con tu amiga la tozudez y me decís que tengo razón y que nadie puede decirme lo contrario … y para colmo me hacéis demostrarlo, cueste lo que cueste! No, por favor.

Vamos a elegir bien las batallas que de verdad valen la pena, y eso significa:

Guardar energía para lo que realmente importa

No desgastarnos emocionalmente por cosas que nunca cambiarán

Mantener la calma y ver las cosas con perspectiva

Ser guardianes de nuestra propia tranquilidad

EGO, no eres malo. El problema es cuando te descontrolas.

No quiero negarte ni despreciarte, porque tu propósito es fundamental para empoderarme cuando lo necesito. Y levantarme cuando estoy en el suelo.

En equilibrio, me ayudas a actuar con honestidad, con respeto hacia mí y hacia los demás, con humildad y generosidad. A ser responsable y perseverante. Y, sobre todo, a ser leal y siempre fiel a mis principios, a mis seres queridos y a los compromisos que adquiero.

Pero deberíamos negociar algunas reglas, porque no puedo permitir que me domines. Aprendamos a convivir en paz. Sigamos juntos, pero de la mejor manera. Con seguridad, pero sin arrogancia. Con la cabeza en alto, pero con los pies en la tierra.

Y sin más, me despido. Recuerda que no quiero perderte. Solo quiero que caminemos de la mano. Que me recuerdes quién soy (prohibido menospreciar); que me ayudes a ser fuerte sin volverme rígida y que me impulses a brillar, sin apagar a nadie.

Te quiero


Comentarios

Deja un comentario