«No midas tu grandeza por lo alto que llegues, sino por cuántas vidas iluminas en el camino.»
Ese día, Sofía llegó a casa con el rostro apagado. Sin decir una palabra, dejó la mochila en el suelo y se hundió en el sofá con la mirada perdida. La observé desde la cocina y supe de inmediato que algo la inquietaba. Me senté a su lado, acariciando suavemente su cabello.
—Sofia, te noto triste —dije con voz calmada—. ¿Quieres contarme qué ha pasado?
Ella suspiró y bajó la mirada.
—Hoy eligieron al delegado de clase… y solo tuve un voto —murmuró—. No entiendo por qué no me eligieron. Yo quería ayudar, colaborar con los demás, hacer cosas justas …
Y, sin embargo, escogieron a Carlos, no porque inspire a los demás, sino porque todos le siguen y le obedecen, incluso cuando no están de acuerdo con él. ¿Qué hice mal?
Le tomé la mano con ternura.
—No hiciste nada mal, cariño. Ser líder no siempre significa ser elegido por los demás. A veces, el liderazgo es algo que llevamos dentro, aunque otros no lo reconozcan de inmediato.
Sofía frunció el ceño, pensativa.
—Pero si quería hacer algo bueno, ¿por qué nadie me eligió?
—Dime, ¿por qué querías ser delegada? —le pregunté.
—Porque quería ayudar a mis compañeros, porque me gusta escuchar a los demás y hacer que las cosas sean justas —respondió en voz baja.
Le sonreí con ternura.
—¿Y necesitas un título para hacer eso?
Ella levantó la mirada, confundida.
—¿Cómo?
—Un líder no es quien gana una votación o tiene un cargo. Un líder es quien inspira a otros, quien ayuda sin esperar nada a cambio, quien hace lo correcto, aunque nadie lo reconozca. Y eso, Sofia, tú ya lo haces todos los días.
Sus ojos se iluminaron con un destello de duda y esperanza.
—¿Tú crees?
—Claro que sí. ¿Recuerdas cuando defendiste a Marta cuando se burlaban de ella? ¿O cuando ayudaste a organizar el material de la clase sin que nadie te lo pidiera? ¿O cuando le explicaste a Lucas la tarea que no entendía?
Su boca se curvó en una pequeña sonrisa.
—Sí… Pero si quiero ayudar y hacer cosas buenas, ¿por qué no me ven como una líder?
Suspiré y le aparté un mechón de cabello de la cara.
—Porque a veces, las personas eligen a quienes les resultan más cómodos, no a quienes desafían lo establecido. Y tú eres una niña que dice lo que piensa, que lucha por lo justo y que no teme ser diferente. Eso es maravilloso, pero también puede hacer que algunos se sientan inseguros o incómodos.
Ella asintió lentamente, procesando mis palabras.
—Eso es liderazgo, Sofi. No depende de que te elijan. Depende de lo que haces cada día. Los verdaderos líderes no siempre reciben votos, pero dejan huella en los demás con su bondad, con sus acciones desinteresadas, con su capacidad de hacer sentir bien a quienes los rodean.
—Entonces… ¿aunque no sea delegada, puedo seguir ayudando? —preguntó con una chispa de esperanza en su voz.
—Por supuesto. Y con el tiempo, la gente se dará cuenta de quién eres. A veces, los líderes más fuertes son los que nadie ve al principio y que ni siquiera ostentan el poder, pero se ocupan de ayudar y empoderar a los demás.
Hice una pausa y la miré a los ojos, queriendo que mis palabras se grabaran en su corazón.
—Algún día, cuando seas mayor, puede que el mundo te haga dudar de lo que vales, que te reconozcan, pero no te impulsen, que te digan lo buena que eres, pero no te den el lugar que mereces. Y cuando eso pase, quiero que recuerdes algo: no estás aquí para pedir permiso para brillar.
Le tomé las manos con firmeza.
—Las estrellas nunca lo piden, Sofi. Ellas simplemente lo hacen. Y si en algún lugar no pueden ver tu luz, entonces ese no es tu lugar.
Ella me miró en silencio, pero esta vez, su tristeza había dado paso a algo más profundo: comprensión, seguridad y orgullo. Tal vez hoy no la eligieron, pero entendió algo mucho más importante: su valor no dependía de un título, sino de sus acciones. Y eso, ningún voto podría cambiarlo.

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