Inercia

¿Vivís impulsados por la inercia?

Propiedad de los cuerpos de mantener su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza.

La mayoría de las personas consumimos gran parte de nuestra energía y tiempo en labores de logística familiar o laboral. Y nos quejamos de ello con frases como: “no me da la vida”, “no tengo ni un minuto para mí” o “esto es como el día de la marmota”.  Ello nos lleva a vegetar con la pasividad de no pararnos a pensar, con la tenencia de un cuerpo a resistir un cambio en nuestro movimiento, eso que, por gracia o por desgracia, se llama inercia.

Vivir con inercia suele resultar fácil y cómodo. Fácil, dado que nos permite poder justificar que todo lo que hacemos es lo correcto o cuanto menos, lo más conveniente.  Y cómodo, puesto que no tener que pararnos a pensar si la zona de confort en la que nos encontramos es realmente en la que deseamos estar, hace que el esfuerzo por generar nuevos hábitos sea nulo.

Sin embargo, tomar conciencia cada cierto tiempo sobre nosotros mismos, observar nuestra realidad y sentir, sobre todo sentir, si ahí donde estamos sigue funcionando y sigue generándonos bienestar es crucial para seguir avanzando por ese camino o bien elegir cambiarlo.

Hasta hace 6 años vivía con la inercia de creer que mi vida era la que siempre había soñado: dirigía mi propia compañía, trabajaba en un sector que me encantaba, viajaba por el mundo, conocía gente super interesante, tenía una hija maravillosa y un hijo de camino.  ¿qué más podía pedir?

Nada. Absolutamente nada, me repetía una y otra vez.

Sin embargo, tenía nuevas ilusiones. De alguna manera, mi esencia más profunda, mi alma, estaba inquieta.  

Un día, estando de viaje en Tel Aviv, ciudad a la que acudía con frecuencia por motivos de trabajo, me detuvieron nada más pasar el control. Así, sin más.

Recuerdo perfectamente ese día como si fuera ayer. Me apartaron de mi compañero de trabajo con el que viajaba, cogieron mi bolso, pasaporte y chaqueta y me condujeron a una sala en la que bajo la vigilancia de una mujer policía a la que no podía hacer preguntas me tuvieron 2 horas retenida.

Cuando tomé conciencia de la situación, sentí miedo, mucho miedo. Estaba aislada, sin documentación y sin posibilidad de intercambiar palabra con la policía que estaba vigilándome y que me miraba como si acabara de cometer un asesinato.  Decidí cerrar los ojos y confiar en que todo iba a acabar bien, comprobarían que era una persona normal, sin antecedentes penales, ni deudas pendientes ni que tampoco era traficante ni espía.

Por algún motivo, esa soledad, esa desnudez absoluta en la que me encontraba me llevó a reflexionar sobre mi vida. Sentí un profundo dolor por no poder abrazar a mi hija en ese momento y en tantos otros en los que por trabajo debía ausentarme. Me imaginé cómo sería mi vida sin tanto viaje: podría recoger y llevar a la niña cada día al colegio, podría pasar más tiempo con ella, podría disfrutar de mi gente más a menudo, podría disfrutar de mi futuro hijo desde el minuto cero. Y en ese momento, me invadió la paz, entré en un estado de tranquilidad y bienestar tan reconfortante, que decidí que en cuanto llegara a Barcelona (porque obviamente iba a poder regresar a Barcelona), mi vida tenía que cambiar. La “yo” de antes ya no era la “yo” de ahora, mis circunstancias habían cambiado, mis prioridades eran otras y mis necesidades, por consecuencia, también.

Cuando tus sueños quieres que se hagan realidad, hay que ponerse en acción. Y comprometerse con lo que queremos lograr, aunque nos cueste un gran esfuerzo por la necesidad de salir de nuestra zona de confort.

Generar nuevos hábitos y cambios en la vida no es fácil, pero se puede y depende de uno mismo.

 ¿Qué opináis de vivir impulsados por la inercia?

En ocasiones puede ser valiosa, dado que todos necesitamos cierto orden y estructura en nuestras vidas, y la inercia nos permite avanzar sin darle demasiadas vueltas a la cabeza. Además, vivir impulsados por la inercia supone haber adquirido ya ciertos hábitos que nos facilitan actuar en “piloto automático”.  Digamos que minimiza esfuerzos.

Pero ojo, en otras ocasiones, puede convertirse en un “justificante ideal” engañoso para no tener que tomar conciencia de nuestra propia vida. Y tomar conciencia requiere tiempo de reflexión. ¿Qué quiero hacer en el futuro? ¿Qué valores son importantes para mí en el aquí y ahora? ¿Cuáles son mis prioridades presentes?


Comentarios

Deja un comentario